Vicky Martin Berrocal, ¿sana competición en MasterChef?

La competición corre por las venas de Vicky Martín Berrocal. / Instagram: @vickymartinberrocal.

La competición corre por las venas de Vicky Martín Berrocal. / Instagram: @vickymartinberrocal.

Hace ya semanas que las cocinas de MasterChef Celebrity están que arden. Los famosos que participan poco a poco van aprendiendo a cocinar, van forjando alianzas y también van mostrado quiénes son y cómo se desenvuelven en situaciones de tensión extrema. Para sorpresa de nadie, la mayoría de las veces no es una situación fácil.

Por ejemplo, en la última prueba de exteriores, Marta Torné, que ejercía de capitana, tuvo que ser atendida por el equipo porque el estrés del momento le dejó temporalmente ciega del ojo derecho. Sin duda un momento complicado que, por suerte no fue más allá, pero que evidencia la tensión a la que están sometidos.

Vicky Martín berrocal, ¿la villana de la edición?

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A pesar de que el buen rollo suele ser la tónica genera, en todas las ediciones suele destacar alguien que vive la competición de manera diferente. Un «villano» que se encarga de desestabilizar al resto, seguramente sin pretenderlo, por su forma de ser y de afrontar las pruebas. Si en GH VIP tenemos a Kiko Jiménez, en MasterChef está, salvando las distancias, Vicky Martín Berrocal. 

A lo largo de las semanas de concurso, ya ha quedado claro que enfrentarse a ella no es una buena opción. Lo hizo Ana Obregón y fue expulsada. Sucedió con El Sevilla, y corrió la misma suerte. Esta vez ha sido Ana Milán quien ha derramado lágrimas a causa de un feo gesto de la diseñadora, pero también ha roto la maldición, porque no ha abandonado el concurso.

Su enfrentamiento con Ana Milán

Ana Milán aguantó el chaparrón de los jueces, pero luego se derrumbó. / RTVE.

Ana Milán aguantó el chaparrón de los jueces, pero luego se derrumbó. / RTVE.

Ambas formaban equipo y el resultado no fue muy bueno. El plato de Ana tenía evidentes errores que los jueces señalaron, pero también su compañera de trabajo. Este gesto, por parte de quien en principio se encuentra en la misma situación que tú y de quien esperas apoyo, pilló desprevenida a la actriz. Ana no se tomó muy bien que fuera su compañera quien sacara los defectos de su plato.

Ambas son mujeres de carácter, pero sus caracteres son distintos y este «rifirrafe» así lo puso de manifiesto. Para la diseñadora, esta cuestión era anecdótica; para la actriz, fue un momento de vergüenza que prefería que nadie destacara, ya que esperaba haberlo hecho mejor. El propio Jordi Cruz tuvo que poner sentido común a la situación: «Me parece bien que tú te tomes las cosas de una forma positiva, pero cuando una acción tuya hace que un compañero no esté bien, tienes que saber pedir disculpas, no trivializarlo».

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