Estrés: cómo combatir sus efectos en la piel

Piel y estrés: en qué medida se ve afectada y cómo combatir sus efectos

Según un estudio, 9 de cada 10 españoles ha sufrido estrés en el último año. Esto afecta directamente a la piel.

Podemos decir que el estrés es el conjunto de reacciones que tienen lugar cuando una persona se ve sometida a una situación de tensión. Esto se produce tanto a nivel físico y emocional como psicológico. Además se manifiesta de muchas formas. En el plano físico, con sudores, sensación de opresión en el pecho, fatiga, temblores, problemas digestivos… En el emocional, con nerviosismo, ansiedad, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, angustia… Y también, en el órgano más grande de nuestro cuerpo: la piel.

“La piel y el sistema nervioso están estrechamente relacionados, siendo el reflejo de nuestro estado físico, psicológico y mental. El estrés no solo debilita la capacidad natural de la piel de protegerse y repararse; sino que, además, impacta tanto en su funcionamiento como en el proceso de envejecimiento, que se acelera”, explica Inmaculada Canterla, experta en dermocosmética. Una piel estresada ofrece una peor respuesta a los factores agresores, tanto internos como externos, y se vuelve más sensible y reactiva.

El estrés y la belleza

Piel y estrés: en qué medida se ve afectada y cómo combatir sus efectos

El estrés estimula la liberación de histamina, la hormona de la irritación. Puede dar lugar a patologías como la rosácea o el eccema.

“Muchas enfermedades de la piel (psoriasis, dishidrosis, dermatitis, rosácea, acné…) aparecen o bien se agravan por el estrés. Además, en estados de estrés, se deteriora el sistema inmune y, se aceleran los procesos inflamatorios”, añade. “El mayor enemigo de la belleza es el estrés. En un mundo tan rápido y competitivo, el trabajo y las responsabilidades nos absorben dejando a un lado el tiempo que deberíamos dedicarnos a nosotros mismos”, explica Myriam Yébenes, directora del Instituto de Belleza Maribel Yébenes.

El oxígeno permite al organismo producir energía. Y en este proceso se liberan elementos conocidos como radicales libres. Cuando se producen en exceso (en momentos de estrés, al exponerse al sol sin protección o con una dieta inadecuada) afectan directamente a las células. El estrés oxidativo es el desequilibrio entre la producción de radicales libres y la capacidad del organismo de detoxificarlos y reparar sus efectos. Genera daños en las células y en su ADN y acelera el proceso de envejecimiento en el organismo, piel incluida.

El sueño, el mejor anti-estrés

Piel y estrés: en qué medida se ve afectada y cómo combatir sus efectos

El sueño es clave en la recuperación de nuestra piel.

A nivel cosmético, Canterla recomienda cuidar la piel estresada con la aplicación de principios activos hidratantes y calmantes. Con el objetivo de aliviar los posibles picores derivados de la acción del estrés sobre el sistema nervioso; así como productos libres de aceites y grasas y factores de crecimiento. Y colágeno por la noche para favorecer la reactivación de la piel. Es básico mantenerse correctamente alimentado (azúcares y aminoácidos) e hidratado. Un vaso de agua antes de dormir y otro al despertar ayuda a mantener bajos los niveles de cortisol. Dormir relajada y profundamente también los reduce. El sueño es esencial.

“Durante la noche los mecanismos de reparación de la piel son más eficaces, porque nuestra musculatura se relaja y permite que la circulación sea más fluida. Se eliminan en mayor cantidad los radicales libres; se reparan y crean nuevos tejidos y células. Además, se favorece un correcto ciclo hormonal completo. Y se eliminan las contracciones musculares a todos los niveles, incluida la piel”, concluye.

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