Sin limpieza no hay belleza

Las mujeres nos olvidamos de ella a menudo, casi siempre por pereza, sin saber que es la base de una piel luminosa y joven. Consigue los múltiples beneficios de este sencillo ritual que podrás hacer tú misma.

El algodón no engaña. Aunque nos lo repitan una y otra vez a las españolas nos come la pereza para llevar a cabo la limpieza facial diaria. Por mucho que nos pese, es imprescindible y te vamos a dar todos los motivos para que desde ya lo conviertas en un placentero ritual casero.

LIMPIEZA FACIAL

Tan sólo te llevará 3 minutos por la mañana y tres por la noche. Si la desidia desborda tu voluntad, decántate por el ritual de noche: es indispensable. Por la mañana eliminarás los restos de secreciones sebáceas y toxinas que exuda la piel durante el sueño, y por la noche, retirarás el maquillaje, la polución y las secreciones acumuladas a lo largo del día.

Este gesto innegociable repercutirá directamente en la apariencia de tu piel y en su envejecimiento. Un cutis sin impurezas tendrá más luminosidad y menos propensión a las imperfecciones. ¿Un plus? Aprovecharás al máximo los beneficios de cualquier cosmético que apliques después. Aquí reside el secreto de belleza para la lucha contra el tiempo y el mantenimiento de una piel pura y perfecta: sin limpieza no hay belleza.

TU RITUAL DIARIO

Al contrario de como nos lo venden, ni las toallitas desmaquillantes, ni los productos dos en uno, son suficientes. Éstos eliminan exclusivamente la suciedad más superficial, pero no mantienen el pH de la piel ni limpian en profundidad. En los poros se acumula suciedad y más sebo del conveniente, y ésto se ve reflejado en una piel opaca que no respira, irregular en su tono y mal nutrida. Así que recoge tu cabello con una banda que despeje tu rostro y sigue meticulosamente cada paso del proceso.

Lava la cara con agua, preferentemente tibia, y un gel específico para tu dermis. Después, elimina los restos de maquillaje con un buen desmaquillante, si tienes la piel seca conviene usar texturas hidratantes y muy suaves, evitando geles y jabones. Si es mixta utiliza texturas en gel o mousse para evitar la grasa en la zona “T”; y si tienes la piel grasa, opta por aquellos que se combinan con agua,  geles, espumas y jabones.

El siguiente escalón es el tónico; ideal en pieles grasas y mixtas, pero no recomensable en casos de rosácea o sensibilidad. El tonificante es susceptible de ser sustituído por un sérum antiedad pero, sea como sea, es un paso básico ya que contienen antisépticos que, además de refrescar, previenen las infecciones cutáneas, ayudan a contraer el poro y a hidratar la piel. Su uso no se limita a después del desmaquillante, debe usarse también después de mascarillas y peelings.
Superadas estas dos fases pasa al siguiente paso, la exfoliación. El peeling manual se puede hacer dos veces por semana en  pieles grasas y uno cada siete días en las secas. Hay que evitar el contorno de ojos y realizarlo siempre con masajes a base de movimientos circulares. Después de esto tu piel estará completamente preparada para reciibir los nutrientes de la crema.

TU LIMPIEZA EN CASA EN TRES SENCILLOS PASOS

Una vez superada la pereza realiza este ritual sin prisas y con mimo. Te ilustramos el procedimiento.

  • Lava con agua y gel: Con los ojos bien cerrados, frota un combinado de agua tibia y jabón específico para tu piel. Evita zonas sensibles como los ojos y su contorno.
  • Tonifica la piel: Con un algodón embebido en tónico, pásalo suavemente con movimientos ascendentes, de dentro hacia fuera del rostro.
  • Hidrata y nutre: La piel está preparada para recibir los nutrientes de las cremas. Aplícalas con movimientos ascendentes en la cara y descendentes en el cuello.

CUELLO Y ESCOTE

Tu ritual de belleza no termina en el rostro. Amplia este gesto a otras zonas más descuidadas, como cuello y escote.

Cubiertos por gruesos jerséis en invierno, con la llegada del buen tiempo tanto el cuello como el escote vuelven a cobrar protagonismo. Su exposición al sol y la excesiva gesticulación los convierten en una zona sensible al fotoenvejecimiento. Extiende la limpieza y la protección solar a ambas zonas. El modo de aplicación es sencillo: realiza los movimientos desde el centro hacia la nunca, con movimientos ascendentes. Una vez a la semana usa un producto exfoliante para eliminar células muertas. Aplícalo con la piel bien limpia y usa un cepillito suave para masajear la zona. Dale un acabado sobresaliente con una crema hidratante antienvejecimiento.

CON QUÉ FRECUENCIA

La asiduidad depende del tipo de piel, pero precisa de constancia. Las grasas necesitan la limpieza a fondo una vez a la semana por la cantidad de sebo generada. Las secas o mixtas pueden espaciarse más en el tiempo.

 

EL EXPERTO OPINA Maribel Yébenes Directora del centro de estética Maribel Yébenes.

Solemos olvidarnos del tónico, ¿por qué es importante?
Perfecciona la limpieza, regula el pH y prepara la piel para la aplicación de productos de tratamiento, por tanto, su uso es fundamental.
¿Qué no debemos hacer a la hora de llevar a cabo la limpieza?
Es importante no utilizar productos agresivos para la limpieza diaria como jabones, espumas u otros geles limpiadores cargados de tenso-activos. Evita tónicos con alcohol, ya que resecan la epidermis en exceso.

¿Qué debemos considerar al elegir una crema hidratante?
Las cremas están diseñadas para aportar agua (hidratación), alimento como vitaminas, proteínas (nutrición) y protección (filtros solares, films epidérmicos). Cada persona deberá elegirlas en función de su tipo de piel, dejándose guiar siempre por una voz experta.
¿Qué cuidados específicos deberíamos tener en mente con las mascarillas y las exfoliantes?
No deberíamos excedernos en la frecuencia de uso ni en el tiempo de aplicación y/o exposición recomendado para ambos. Existen dos tipos de exfoliantes: químicos, son aquellos que incluyen activos (enzimas, alfa hidroxiácidos y/o beta hidroxiácidos) que aplicados a modo de mascarilla y durante su tiempo de exposición en la piel, disuelven las impurezas y células muertas. Y mecánicos, que precisan de un masaje manual por el cual pequeñas partículas (aluminio, semillas naturales, esferas de polietileno, etc) “arrastran” y desprenden las células muertas. Elegir entre unos y otros dependerá de la prescripción del especialista para conseguir el máximo partido.

 

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