Henrik: las excentricidades del «no rey» de Dinamarca

Henrik de Dinamarca

El príncipe Henrik de Dinamarca junto a la reina Margarita en su boda. Ambos aparecen dedicándose una romántica mirada/ Redes Sociales.

El triste fallecimiento del príncipe Henrik de Dinamarca ha vuelto a traer a la palestra algunos de los momentos más singulares de su vida. El marido de la reina Margarita había sido trasladado desde un hospital de Copenhague al castillo de Fredensborg. Lo que, sumado al regreso de su hijo mayor Federico de los Juegos Olímpicos de Invierno en Corea del Sur, hacían temer este final. El funeral se celebrará el 20 de febrero de forma privada por deseo expreso del propio príncipe. Tras lo que sus cenizas se esparcirán en el mar de Dinamarca y en los jardines del castillo donde vivía.

Las complicaciones de un tumor benigno en el pulmón y una grave infección respiratoria habrían sido el desencadenante fatal. Además, hace un año aproximadamente fue diagnosticado de demencia. «Después de un largo seguimiento y de una serie de exámenes médicos realizados a finales de agosto, los especialistas del Rigshospitalet han concluido que su alteza real el príncipe Henrik sufre demencia«, anunció la Casa Real danesa en septiembre.

El verdadero amor de la reina de Dinamarca

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El pueblo danés no ha cesado en llevar flores para mostrar su duelo por la perdida del príncipe/ Redes Sociales.

Un adiós a un miembro muy querido de la monarquía danesa, pero también con grandes momentos de rebeldía. Nacido hace 83 años en Francia, su boda con la entonces heredera Margarita en 1967 le convirtieron en príncipe de los daneses. Un matrimonio siempre salpicado por los rumores de infidelidad; aunque, durante sus más de 50 años casados, siempre demostraron y declararon ser una pareja muy feliz. A principios de 2016, la soberana anunció en su discurso de Año Nuevo que el Príncipe había tomado la decisión de jubilarse: «Agradezco profundamente todo el apoyo, la ayuda y la inspiración que me ha dado durante todos estos años».

Precisamente una de sus última salidas de tono fue por un tema relacionado con la muerte. El consorte de Margarita aseguró que no podría ser enterrado al lado de su esposa en la Catedral de Roskilde. «La reina me toma por tonto. Si ella quiere que me sepulten a su lado, tiene que nombrarme rey consorte, eso es todo», explicó. Un debate, sobre su título real que venía de largo y que las fuentes oficiales achacaron a sus problemas de salud.

«Degradado y humillado»

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El francés posó con una de sus últimas esculturas realizadas hace unos meses/ Redes Sociales.

Además, en 2002 abandonó Dinamarca rumbo a su chateux en Francia; fue por un supuesto ataque de celos contra su propio hijo. «Durante muchos años he sido el número dos de Dinamarca y he estado satisfecho con ese papel, pero no quiero quedar relegado al número tres después de tantos años«, anunció a la prensa él mismo. Todo porque el heredero, Federico, había sustituido a la Reina como anfitrión de la cena de Año Nuevo en vez de él. Lo que motivó que Henrik se sintiera «degradado y humillado por esa decisión».

Un escándalo, que podría titularse príncipe a la fuga; que tuvo un final feliz. Aunque su enfado le hizo perderse la boda de Guillermo Alejandro y Máxima de Holanda. Todo ello sumado a anécdotas como sacar la lengua a los fotógrafos, asegurar que le encantaba comer carne de perro desde un viaje a Vietnam o su divertida idea de disfrazarse de oso panda en una gala del Fondo Mundial para la Naturaleza. Todo ello le convirtió en el «príncipe rebelde«.

Henrik: trabajo y familia por amor al arte

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La Reina y el Príncipe al lado de cuatro de sus nietos en su jardín/ Redes Sociales.

Sin embargo también conviene destacar que esa vida de singularidades y excentricidades, para ser un miembro de la monarquía; Henrik era un hombre muy culto. El suegro de Mary Donaldson hablaba cinco idiomas, fue traductor literario, llegó a publicar varios libros de poesía. Gracias a uno de ellos ganó la medalla de la Academia francesa y en 2002 lanzó otro con ilustraciones realizada por la reina Margarita. El príncipe Henrik también era un enamorado de los perros, sobre todo de la raza teckel. Juntos viajaban a todas partes, aunque hasta en cuatro ocasiones, sus fieles amigos mordieron a los jardineros reales.

Además grabó una canción con un grupo de rock, tenía su propio viñedo y esculpió varias obras para los palacios de la familia. Una familia con la que siempre se mostró muy cercano. Encantado especialmente de ejercer de abuelo con sus ocho nietos: Christian, Isabella, Vincent y Josephine, hijos de Federico; y con Nikolai, Henrik Felix, y Athena de su hijo pequeño Joaquín.

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