Pechuga de pollo con champiñones y limón

El pollo es una carne muy sana, con la misma calidad de proteínas que las carnes llamadas “rojas”, y con muchísima menos grasa. El problema es que puede parecer soso: atrévete a añadir especias y hierbas de todo tipo para evitarlo.

Dificultad: fácil / Tiempo de preparación: 25 minutos / Calorías: 210 /
¿Se puede congelar? Sí, durante 1 mes

Ingredientes para 4 personas

  • 600 gramos de pechuga de pollo troceada
  • 200 gramos de champiñones
  • 4 dientes de ajo
  • 1 manojo de perejil fresco
  • 2 limones
  • 1 vaso de vino blanco
  • 1 manojo de albahaca
  • harina
  • aceite de oliva
  • sal

Cómo preparar pollo al limón

  1. Sazona los trozos de pechuga de pollo (que no deben ser demasiado pequeños porque si es así quedarán secos) al gusto. Pon a calentar un poco de aceite en una sartén, pasa los trozos de pollo por harina y dóralos a fuego medio-alto.
  2. Aparte, tritura en la batidora los ajos pelados y picados, el perejil y algo de aceite.
  3. Añade el aliño resultante a la sartén con el pollo, remueve y vierte el vino blanco, el zumo de los dos limones, la ralladura de uno de ellos bien limpia bajo el grifo, una pizca de sal y un poco de harina. Cocina a fuego medio durante 18 minutos, removiendo de vez en cuando.
  4. Limpia los champiñones con un trapo húmedo (o gana tiempo si los compras en bandejas con  champiñones en láminas), córtalos en láminas o cuartos y saltéalos incorporando la albahaca picada. Sirve en caliente el pollo con los champiñones.

Trucos

Si quieres que tus platos sean más ligeros y contengan menos grasas hay algunas cosas sencillas que puedes hacer para conseguirlo:

  • Spray de aceite: cada cucharada de aceite, aunque sea del maravilloso aceite de oliva, suma 90 calorías. Imagina cuánto añades cada vez que echas un «chorrito» mientras cocinas. Por eso, pinceles de cocina o un spray para controlar el uso del aceite son pequeños gestos que te ahorran grasa.
  • Desnatados: casi todos los productos lácteos que usamos para cocinar, como quesos, natas o leche, tienen su versión baja en grasa. No os vamos a engañar. No saben igual, pero casi es inapreciable en las recetas muy cocinadas. La diferencia entre un yogur normal y uno desnatado, por ejemplo, está en más de 2 gramos de grasa por cada 100 de producto.
  • Antiadherencia: los utensilios de cocina han cambiado mucho y cada vez se realizan con tecnologías muy útiles para ahorrar grasa gracias a sus superficies antiadherentes. Con ellas necesitas muy poco aceite para cocinar.

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