Clases de sumiller: cómo elegir y servir un buen vino

Clases de sumiller: cómo elegir y servir un buen vino

Te enseñamos las claves necesarias para disfrutar de un buen vino.

El vino es mucho más que una bebida, es una cultura. Todo lo que se mueve alrededor de este mundo es propio de nosotros, de los españoles. Sin embargo, no hay que ser un gran experto sumiller para entender sobre ellos, al contrario de lo que muchos creen. Eso sí, como cualquier cosa, tiene sus secretos a la hora de ser escogido y servido.

Por eso, para que siempre que tengas que elegir y servir un vino –ya sea porque recibes invitados en casa, comes en un restaurante o llevas a casa de alguien una botella- aciertes, desde la organización Interprofesional del Vino de España nos dan una serie de consejos básicos. Con ellos esperan que, ante todo, prime la calidad en tu elección y en la forma de servirlo.

1. Envejecimiento y añada

Clases de sumiller: cómo elegir y servir un buen vino

Conocer todos los tipos de vino que existen es básico a la hora de elegir entre ellos.

El tiempo influye, y mucho, en la calidad y el resultado final del vino. Así, según su edad (envejecimiento es la palabra técnica) podemos encontrar cuatro clases de vinos.

  • Los vinos “jóvenes” o “del año”. Hablamos de estos cuando nos referimos a aquellos que no han pasado ningún tiempo en barrica. Y que, además, se han comercializado en su primer o segundo año de vida.
  • Los vinos tintos de “tipo crianza”. Son los que han pasado al menos un año en barrica y han entrado en el mercado a partir de su tercer año de vida.
  • Los vinos de “tipo reserva”. En el caso de los tintos, estos han envejecido durante tres años y han pasado 12 meses en barrica. Los reservas blancos, por su parte, han envejecido durante dos años y han pasado seis meses en barrica.
  • Los vinos “gran reserva”. Son los más exclusivos y cotizados. Se trata de aquellos que han envejecido durante cinco años; pasando, como mínimo, dos años en barrica y tres en botella.

2. Reconocer su origen

Uno de los puntos fuertes de un experto en vinos es ser capaz de definir y conocer su origen; esta es la característica que le confiere la mayor parte de su carácter. El origen de esta bebida está siempre certificado en los vinos con Denominación de Origen protegida; tiene que venir indicado en la etiqueta. También están garantizados por su origen los vinos de pago y en los vinos de la tierra.

3. ¿Con qué acompaño cada tipo?

Cada tipo de vino marida mejor con ciertos alimentos.

Cada tipo de vino marida mejor con ciertos alimentos.

Si has organizado una reunión en casa, debes saber que no todos los vinos maridan con todos los platos. Por ejemplo, en el caso del vino blanco, lo mejor es optar por acompañarlo de pescado. Con el tinto, un acierto seguro es equilibrarlo con carne. Aunque sí es cierto que, debido a la gran variedad y evolución de ambos, no hay problema en acompañar un redondo de ternera con un blanco suave.

4. La importancia de la copa

En este aspecto en el que suele haber más dudas. Lo más importante es saber que no se disfruta igual en cualquier vaso, debemos tener una copa específica para el vino. Además, esta debe sostenerse por el tallo (la parte más fina) y con la yema de los dedos. De esta manera se respeta la temperatura y esencia original de la bebida; aparte, la copa no se llena de huellas. Esta es la manera correcta y elegante con la que los expertos sostienen sus copas.

5. La temperatura del vino

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La moderación es la clave a la hora de disfrutar de esta bebida.

Los vinos tintos se deben servir frescos, nunca calientes; esto es, a una temperatura den entre 14 y 16 grados. Por su parte, los blancos y rosados admiten una temperatura inferior, sobre los 10 grados. Los espumosos, en cambio siempre mejor fríos: su temperatura debe rondar entre los 5 y los 8 grados, no más; eso sí, hay que tener cuidado pues cualquier temperatura inferior perjudicaría su aroma.

6. Al beberlo, a sorbos cortos

Para disfrutar de los distintos sabores que definen un buen vino, los expertos nos aconsejan beberlo con moderación, además de hacerlo a sorbos cortos. De esta forma se pueden apreciar todos sus matices; unos sabores, por cierto, que puede variar con el reposo. Busca sus puntos dulces, amargos y ácidos, que son los tres pilares que se remarcan en una cata.

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