Charlene de Mónaco, más serena y segura de sí misma que nunca

Charlene de Mónaco y su hijos

Charlene de Mónaco en el balcón principal del Palacio Grimaldi junto a su hijo Jacques.

La princesa Charlene cumplía el 25 de enero 41 espléndidos años. No tuvo celebración oficial, aunque sí una en la intimidad familiar junto a su marido, el príncipe Alberto, y sus mellizos. Un día más tarde, el 26, recibía las felicitaciones de los monegascos que coincidieron con ella durante las fiestas en honor a Santa Devota, patrona de Mónaco.

Conocida por sus notables ausencias en algunas de las citas más importantes del Principado, como el Baile de la Rosa o el Festival Internacional de Circo de Montecarlo, nunca falla a este compromiso, del que disfruta especialmente.

Charlene y Alberto, menos tensos en sus apariciones públicas

Charlene de Monaco y su marido

Alberto y Charlene se muestran más relajados en sus apariciones conjuntas.

En tan señalada cita, Charlene acompañó a su marido a la tradicional quema de la barca que tiene lugar cada año en honor a la Santa. También estuvieron juntos el 27 de enero en el balcón principal del Palacio Grimaldi, contemplando la procesión con las reliquias de la Santa. No estuvieron solos, sino acompañados por el pequeño Jacques. El heredero al trono acudió esta vez sin su inseparable hermana, Gabriella, la gran ausente en esta ocasión.

Junto a Jacques, los príncipes Alberto y Charlene, sobre quienes tantas veces han planeado los rumores de crisis, parecían la viva estampa de la felicidad o, al menos, de la serenidad más absoluta. No hubo gestos de seriedad entre ellos ni de sonrisas impostadas, todo parecía fluir de una manera espontánea y natural, algo que en su caso no es la nota dominante en muchas de sus apariciones públicas.

Un largo camino hasta encontrarse cómoda ante las cámaras

Charlene y Carolina de Mónaco

Carolina y Charlene coincidieron el pasado noviembre en el Día Nacional de Mónaco.

No ha sido fácil para la princesa encontrar la relativa paz con la que vive en la actualidad. El nacimiento de sus mellizos, Jacques y Gabriella, unos niños muy deseados, en diciembre de 2014 marcó el punto de inflexión. Liberada de la presión mediática que la persiguió durante tres años por no tener descendencia, decidió ser ella misma. Dejó entonces de preocuparse por el “qué dirán” y por las continuas comparaciones con una de sus cuñadas, Carolina de Mónaco.

Lo cierto es que siempre ha habido rumores que apuntan a que Charlene y Carolina no tienen la mejor relación. La realidad es que ambas coinciden en público en contadas ocasiones y ninguna trata de simular una perfecta armonía. Cuando Charlene decidió ser ella misma, encontró la calma de la que presume hoy.

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