Majestuosa, inconfundible… Nuestra Sierra de Guadarrama.

Sociables y realmente adorables. Por esta vez me vais a permitir evitar la expresión aquella de que “están para comértelas”… Vaya: ¡ni a besos!

La expresión “estar como una cabra” se ha asociado siempre a una cierta clase de locura de carácter más o menos divertido o simpático. Hasta ahí todo bien, pero pocas bromas porque lo que no es una locura es que la Cabra común (Capra aegagrus hircus) ha convivido con el hombre desde el origen de los tiempos dándonos leche, carne, abrigo y recursos con los que hacer diversos enseres…

No podían faltar a nuestra cita serrana, con su inconfundible estampa, serenos e imperturbables, un rebaño de toros bravos…

El porqué de toda esta sesuda introducción es que hace unos días me escapé con mis peques al asador El extremeño, en Villa del Prad,o a media horita escasa de Madrid. Fuimos allí movidos por la curiosidad de conocer los últimos ejemplares de Cabra del Guadarrama que Miguel y su familia crían desde hace ya tres generaciones.

La cabra del Guadarrama es, además de una raza 100% nuestra, una de las mejores conservadoras y limpiadoras de nuestro sotobosque.

Una auténtica enciclopedia de la vida de la Sierra de Guadarrama… y de sus cabras. Don Manuel ha convertido junto a su familia a estos animales en su vida.

La ganadería tiene el nombre de “Piedra Escrita y son una magnífica muestra de raza caprina Sierra del Guadarrama; una raza que se creó gracias a que en un viaje a Turquía de Carlos III,  al monarca le regalaron varios ejemplares de la entonces raza más común allí: la famosísima raza de Angora.

Como nos contó D. Manuel, patriarca de la familia y el actual artífice de que podamos disfrutar de estos animales, a su vuelta de ese viaje, el llamado Rey alcalde de Madrid mandó cruzar dichos ejemplares con los que entonces pastaban en el Guadarrama. De aquellos cruces nació la raza que os traigo hasta este blog hoy. Una raza que, por desgracia, se encuentra en peligro de extinción con una cabaña inferior a los 10.000 ejemplares. De ellos, esta familia cría y mima casi un 10%.

Educar en lo natural, en lo auténtico, no hay manera de mejor de invertir el tiempo en tus hijos para hacerlos mejores personas y despertar su sensibilidad.

Con el bueno de Van Damme,un mastín castellano, cuidador de las cabras que, pese a ser poco más que un cachorro, es tan afable con los amigos como implacable con los enemigos…

Y digo mimar porque a diario se encargan de que su alimentación sea 100% natural. Siembran ellos mismos sus piensos y forrajes, dejan pastar en libertad a sus reses por sus 450 hectáreas de finca… Colaboran además con la universidad para verificar todos los aspectos de la cría: empezando por la reproducción, que se sigue haciendo como antaño, con machos seleccionados y por monta directa.

De entre las cosas que me contaron de este increíble animal, lo que más me sorprendió saber es que es sumamente escrupuloso, es más que puedes fiarte de beber donde ella ha bebido sin dudarlo.

Mamás y peques… Siempre lo mismo, siempre el sentimiento más natural, el instinto más hermoso…

Con Miguel, el hijo de D. Manuel. Pese a su juventud demuestra un saber hacer y una madurez al frente del negocio hostelero familiar encomiable…

Como la familia es de origen extremeño, el asador muestra orgulloso ese origen y se provee al 100% de sus propios animales, amen de huevos, leche y quesos que producen en la finca.

Al frente del restaurante está Miguel, el hijo mayor de D. Manuel. Manejando con talento y ganas el horno moruno que le da el toque inconfundible a la carne de la brasa de encina está Jorge Martin, el primo de Miguel, como jefe de cocina.

El sello mas característico del Hostal Asador “El Extremeño”: su horno “Moruno” donde se asa con todo el aroma de la brasa de encina.

Un horno tan especial no se podía dejar en las manos de cualquiera, en El extremeño, todo queda en familia…

En definitiva, toda una experiencia gastronómica que, además, sirve para poner en valor un producto muy nuestro, muy de Madrid. Una oportunidad para conocer y disfrutar de un bello animal en todos los sentidos en el marco incomparable de la Sierra de Guadarrama.

Al final no me he podido resistir, si no a comérmela, sí que por lo menos a robarle un besito…

FOMI