La recepción real y la sonrisa del rey Felipe cuando le hablan de sus hijas

La sonrisa del rey Felipe cuando le hablan de sus hijas.

La recepción real de este año con motivo de la Fiesta Nacional del 12 de octubre no ha sido diferente a ediciones anteriores en su esencia, y sí en el anecdotario. Por un lado, la poca participación de la reina Letizia en los corrillos que se organizan tras el besamanos. Estuvo quince minutos y desapareció. A falta de reina, don Felipe fue el anfitrión perfecto.

Hubo corrillos para todos, ya fueras informador o resto de “sociedad” civil, que así denominan en Zarzuela al grupo heterogéneo de invitados. Cuando nos tocó a la prensa social los comentarios fueron menos encorsetados. Una colega le piropeó diciendo “Señor, le encuentro más alto y más guapo que nunca”. Risas y agradecimiento por su parte: “Eso es que me veis con buenos ojos”. Y cuando realmente se le iluminó la cara fue al decirle lo bien que lo hacían sus hijas en cada aparición pública, aunque estas sean escasas: “Ya habrá tiempo. Son muy buenas”. Y confirmó lo que pudimos ver el pasado viernes, este año no ha dado el que podría haber sido su primer discurso en Oviedo en los premios que llevan su nombre.

La recepción, desde dentro

La recepción real y la sonrisa del rey Felipe cuando le hablan de sus hijas

Las hijas de los Reyes, muy correctas como siempre, y no solo en este tipo de actos.

El otro momento informativo tuvo que ver con el movidón de Pedro Sánchez por temas de protocolo. De este asunto ya se ha hablado lo suficiente, y destacaría el humor de los ciudadanos con la cantidad de memes que aparecieron en las redes sociales. En mi calidad de periodista (que por eso estoy en la recepción) pregunté a Begoña Gómez, que me dio su explicación, en la que no entro ni salgo. Como dice una colega, nuestro trabajo es preguntar y el del personaje responder.

La mecánica de estas recepciones es siempre la misma. Los invitados tenemos que estar en el interior de Palacio antes de la una y media. Previamente hay que pasar los arcos de seguridad, y dependiendo de la invitación, que está marcada con letras, te remiten a diferentes salones. Por ejemplo, el cuerpo diplomático en uno, los militares en otro, la llamada sociedad civil (aquí estamos los periodistas) en varios, porque somos muchos. Después hay otro cocktail donde nos juntamos todos. Hace años solo se servían refrescos y vinos, ahora también cava, y, además, en su punto. Doy fe.

Un catering de confianza

La recepción real y la sonrisa del rey Felipe cuando le hablan de sus hijas

Pedro Sánchez protagonizó la anécdota más mediática de la jornada.

En recepciones de este tipo con tantos asistentes es complicado que el catering tenga buena puntuación. En este caso, sigue siendo excelente y lleva la firma del añorado tabernero (así le gustaba que le llamaran) José Luis de Solaguren. Ahora son sus hijos los que se encargan. El empresario tenía miles de anécdotas vividas en estas recepciones, muchas de ellas con el rey Juan Carlos, con el que tenía una excelente sintonía. Los cumpleaños y fiestas familiares en Zarzuela también los servía el tabernero vasco. Don Juan Carlos estaba al tanto de todo en las recepciones. Una vez me pidió que a cierto político le sirviera el vino aguado porque lo veía demasiado animado. Y otras veces me decía: ponte a mi lado, que así me puedo apoyar y no se me nota que cojeo. E incluso servía como escape cuando las infantas Elena y Cristina los maridos tenían en sus corrillos a pesados. Que le sirvan al que no deja de hablar con mi hija Elena. ¡Qué tiempos aquellos!