Lucía Bosé y el marqués de Griñón, dos buenas personas

Lucía Bosé y el marqués de Griñón, dos buenas personas

Hace una semana, aún impactada por la muerte del marqués de Griñón llegaba otra triste noticia. Lucía Bosé se había ido con esos ángeles que tanto quería y a los que dedicó un museo en Turegano (Segovia). “Así los tengo a todos reunidos”, me decía cuando lo inauguró. La historia no salió adelante y como era una mujer espiritual consideró que estaba escrito que tenían que ser invisibles. Y no le dio más importancia. Creía mucho en el destino y en que lo que tenía que ser era y lo que no, no.

Muy parecida en carácter a su hijo Miguel Bosé, con el que mantuvo una relación de cariños extremos y alejamientos estacionales. “Somos iguales y por eso chocamos”, me decía en un viaje que hicimos periodistas y famosos. Cuando le pregunté que cómo andaba me contestó con ese sentido del humor que nunca le faltó “ahora como si fuéramos vecinos que nos saludamos en el ascensor. Y así hasta estos últimos años en los que la abuela, “la nonna” pasaba tiempo con su hijo Miguel. Ya fuera en Madrid o en México.

Bimba lo fue todo para Lucía Bosé

Lucía Bosé y el marqués de Griñón, dos buenas personas

Lucía Bosé estaba muy unida a su nieta Bimba.

Las navidades pasadas, el cantante colgaba en su Instagram unas imágenes muy familiares. Hacía visible su intimidad paseando por una de las playas paradisíacas de la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an (Tulum, en México), reconocida como Patrimonio de la Humanidad. En este ecosistema protegido Miguel, los dos niños y Lucía visitaron una de las zonas donde viven tiburones, tortugas y delfines que acompañan a los turistas en sus travesías marítimas. Adoraba a todos sus nietos y con los hijos de Miguel estaba encantada “me gustan los bebés”. Y reconocía que menos cuando los niños llegaban a la adolescencia.

“Fui una madre estricta. Les dí una buena educación y mucha libertad. Estoy muy orgullosa de los tres”, rememoraba en una de sus apariciones estelares en televisión. Su gran tragedia (como para todos) fue la muerte de Bimba a la que estaba muy unida. Le gustaba lo poco convencional que era y fue ella la que le tiñó la primera vez el pelo de azul. Después se aficionó a ese color y lo convirtió en su santo y seña de identidad. Su casa segoviana era también de color azul y recibía a los amigos ante una gran fuente de espaguetis. Lucía ya está con Bimba tiñendo el cielo de azul.

Despedimos al marqués de Griñón

Lucía Bosé y el marqués de Griñón, dos buenas personas

El marqués de Griñón junto a la que era su actual pareja, Esther Doña.

¡Y qué decir del marqués de Griñón! Estos días lo he recordado mucho. Lo conocí cuando empezaba esta profesión en la revista Tiempo y una de mis primeras entrevistas se la hice a él en su finca de Casa de Vacas. Ya se había casado con Isabel Preysler y vivían en el chalet de la colonia del Viso. Me dijo que prefería que el fotógrafo y yo viéramos sus viñedos. Fue un día precioso de campo. Nos invitó a comer y nos mostró lo que era para él era el legado más importante de su familia. Una carta de su abuelo Joaquín Fernández de Córdoba en la que le decía.: “ Te dejó la tierra con mejor suelo para vides y olivos y puedas realizar tu sueño”.

Y efectivamente, lo cumplió. Sus vinos han recibido premios internacionales, igual que su aceite. No entendía el interés de la prensa por nada que no tuviera que ver con su trabajo. Cuando le comentaba que no todo los hombres tenían una trayectoria amorosa tan extensa (cuatro matrimonios y variedad de novias) se lo tomaba con cierta ironía. Recordaba que la primera vez que apareció en un lugar público con Isabel Preysler se asombró del interés que despertaba la que después se convertirá en su segunda mujer. Muchos años después la fama de su hija Tamara cuando se convirtió en ganadora del concurso Masterchef le hacía gracia: “ No tenía ni idea que supiera cocinar. Ahora soy el padre de Tamara. Así es la vida”, decía.