Pantoja, hace unos días, a su vuelta de Supervivientes.

Isabel Pantoja y Julián Muñoz fueron protagonistas de una rocambolesca historia de amor.

Cuando me contaron que Isabel Pantoja y Julián Muñoz estaban juntos no me lo podía creer en ese primer momento. Fui testigo en la presentación oficial como imagen de Marbella de la cantante. Sucedió en en el recinto de IFEMA, coincidiendo con FITUR, la feria del turismo, donde la localidad de la jet de la Costa del Sol tenia su stand. La llegada pantojil fue apoteósica, y Julián estaba feliz por la gran repercusión que tuvo en los medios. Después vino el bautizo del avión de Air Europa con el nombre de Marbella, amadrinado por Isabel.

A partir de ahí fue cuando se gestó el enamoramiento secreto que tanto dio de sí, con el mosqueo importante de Mayte Zaldívar, que intuía que algo pasaba, y que llevó al alcalde Muñoz a montar una rueda de prensa con su mujer presente donde tonteó con la artista. Su cara era un poema. Cuando ya fue oficial el romance, Zaldívar llegó a decir: “antes se comía las chuletas fuera, y ahora se trae la vaca a casa”.

El restaurante de Julián Muñoz y Mayte Zaldívar

Isabel Pantoja y Julián Muñoz: del amor al calentón

Isabel Pantoja y Julián Muñoz en el Rocío, en una imagen de 2005.

Daba a entender que Muñoz y la fidelidad eran palabras opuestas, pero que, hasta ese momento, no le había importado que el marido tuviera su menú privado al margen de la vida conyugal. Puede ser que influyera el ambiente a todo tren que mantenía el matrimonio con el dinero ajeno, como luego se demostró con sentencia judicial. Las famosas bolsas de basura (o de lo que fuera) que llegaban al domicilio familiar hacían mas llevadera la infidelidad.

Al matrimonio lo traté cuando tenían un restaurante pequeño y coqueto en Puerto Banús. Mayte cocinaba, y lo hacía muy bien. Sus macarrones con tomate, el pollo al ajillo y la pipirrana eran su fuerte. Julián era el mesero. Recogía la comanda y daba charla a los periodistas que pasábamos el verano en Marbella como corresponsales de nuestros medios. En mi caso, de la revista Tiempo. La pareja ejercía de taberneros honrados hasta que llegó la codicia. Y esa fue su perdición.

«La erótica del poder atrapó a Isabel Pantoja»

Isabel Pantoja y Julián Muñoz: del amor al calentón

Isabel Pantoja, hace unos días, a su vuelta de Supervivientes.

Muñoz entró en el ayuntamiento, y a partir de ahí, formó parte de esa red delictiva que convirtió Marbella en una ciudad sin ley. La erótica del poder atrapó a Pantoja. Seguramente, de no haber sido alcalde, la cantante no se habría fijado en Cachuli, el apodo con el que se le conocía en el pueblo de Ávila donde nació. Pero así es el destino. Unas veces sale bien, y otras, como en este caso, acaba con los enamorados en prisión y cambiando el amor por odio.Mientras duró el afecto (o lo que fuera), la pareja lo demostraba públicamente. Julián le preguntaba: “Gitana, ¿tú me quieres?” y Pantoja contestaba cantando “mi moreno baila, el moreno ríe…” en sus conciertos al entregado novio.

Lo que nunca imaginaba era que esa pasión que llevó a Julián Muñoz a divorciarse de Mayte Zaldívar y abandonar a las hijas, como ellas mismas dijeron a reporteros de calle, fuera el resultado de un calentón. Esas fueron sus palabras cuando le pregunté hace unos días en el programa Lazos de Sangre de TVE por el proceso de ese enamoramiento por el que dejó familia y hacienda. “Visto con el tiempo, lo mío con ella fue un calentón. Me arrepiento, me equivoqué. Yo me creía el rey del mambo. Estaba en una nube, y me vi como el príncipe Aladdin. Las circunstancias me llevaron a un camino sin retorno”. Unas palabras muy poco generosas que demuestran que se ha vuelto a equivocar.